Caminando por aquella larga avenida que se encontraba a orilla de mar, recordó algo que hace tiempo que no recordaba, aunque inconscientemente a veces, le venía un leve pensamiento, como un flash, de aquel tema que en parte, no quería recordar.
Al estar despistada se chocó con una chica, tirando así las cosas que llevaba en las manos, reacciono y se agacho a recogérselas, la otra muchacha lo hizo también, para coger sus pertenencias, estaba un poco agobiada, llegaba tarde a la última clase de su último año de carrera. Se miraron, las dos sintieron algo raro, un sentimiento extraño, pero ninguna le dio importancia, se sonrieron y dieron así por finalizado su corto encuentro.
La primera chica siguió hasta llegar a su coche, apretó el botón que abría los seguros, se subió y condujo hasta la playa a donde siempre iba cuando necesitaba pensar, pero la verdad es que tenia unas extrañas ganas de ir corriendo hasta la muchacha que había visto y abrazarla, no entendía porque, pero eso le decía el corazón
Se sentó en la orilla del mar, y contemplo la isla de al frente, pensando en todos las horas que había derrochado allí hace años con una vieja amiga, acordándose así de todo, absolutamente todo, todas las pequeñas cosas.
De repente se dio cuenta que la muchacha que hace un rato había visto, era ella, su pequeña, con la que había perdido el contacto a causa del paso del tiempo, entonces corrió, y se dirigió hasta la avenida.
Lucia estaba en clase, sintió lo mismo, ellas siempre estaban conectadas, tenían algo muy grande en común que ni en años habían descubierto. Decidió salir de la universidad, coger un taxi y pedirle al chófer que le llevara a la avenida, donde se había encontrado con Ainhoa, una compañera con la que había pasado muchos veranos.
Y allí se encontraron, se vieron de lejos, con una especie de nudo en la garganta, se miraron con emoción, y a la vez, cada una tenía miles de preguntas que solo le podía responder la otra.
Se encontraban cada vez mas cerca, hasta llegar a que unos pocos centímetros la separasen, cada una recordaba el olor de la otra, cayeron en cuenta que aunque hubieran pasado los años, lo que miraban la una de la otra a través de los ojos no había cambiado. Entonces sonrieron, eso tampoco era diferente, no quisieron pronunciar palabra, y se abrazaron, no se soltaron pasados unos largos segundos, extrañaban demasiado unir sus fuerzas, entonces se separaron, pero no se soltaron las manos.
-Eres tú.-pronuncio casi sin aliento Ainhoa-
-Te echaba demasiado de menos idiota. -respondió Lucia-
-Y yo a ti enana. -dijo Ainhoa-
Y sí, fue así como las dos muchachas después de esa tarde juntas, jamas se volvieron a separar, eran desde siempre, dos almas gemelas, como hermanas separadas al nacer.
La primera chica siguió hasta llegar a su coche, apretó el botón que abría los seguros, se subió y condujo hasta la playa a donde siempre iba cuando necesitaba pensar, pero la verdad es que tenia unas extrañas ganas de ir corriendo hasta la muchacha que había visto y abrazarla, no entendía porque, pero eso le decía el corazón
Se sentó en la orilla del mar, y contemplo la isla de al frente, pensando en todos las horas que había derrochado allí hace años con una vieja amiga, acordándose así de todo, absolutamente todo, todas las pequeñas cosas.
De repente se dio cuenta que la muchacha que hace un rato había visto, era ella, su pequeña, con la que había perdido el contacto a causa del paso del tiempo, entonces corrió, y se dirigió hasta la avenida.
Lucia estaba en clase, sintió lo mismo, ellas siempre estaban conectadas, tenían algo muy grande en común que ni en años habían descubierto. Decidió salir de la universidad, coger un taxi y pedirle al chófer que le llevara a la avenida, donde se había encontrado con Ainhoa, una compañera con la que había pasado muchos veranos.
Y allí se encontraron, se vieron de lejos, con una especie de nudo en la garganta, se miraron con emoción, y a la vez, cada una tenía miles de preguntas que solo le podía responder la otra.
Se encontraban cada vez mas cerca, hasta llegar a que unos pocos centímetros la separasen, cada una recordaba el olor de la otra, cayeron en cuenta que aunque hubieran pasado los años, lo que miraban la una de la otra a través de los ojos no había cambiado. Entonces sonrieron, eso tampoco era diferente, no quisieron pronunciar palabra, y se abrazaron, no se soltaron pasados unos largos segundos, extrañaban demasiado unir sus fuerzas, entonces se separaron, pero no se soltaron las manos.
-Eres tú.-pronuncio casi sin aliento Ainhoa-
-Te echaba demasiado de menos idiota. -respondió Lucia-
-Y yo a ti enana. -dijo Ainhoa-
Y sí, fue así como las dos muchachas después de esa tarde juntas, jamas se volvieron a separar, eran desde siempre, dos almas gemelas, como hermanas separadas al nacer.






