Sonaba esa nota, y justo en ese momento tus pelos se pusieron de punta, me miraste, te respondí con una sonrisa.
-Ahora iremos a la ducha.
Moví mi cabeza, negando lo que habías dicho, para hacerme la dura.
-¿Cómo que no? ¿Quieres ver que si?
Me cogiste sin casi darme cuenta, como si fuera un saco de papas.
+¡NOOOO!
Gritaba para seguir nuestro juego.
Me soltaste en el baño, mirándome fijamente.
-Te quedas ahí, que voy a llenar la bañera.
Me sonreíste y te dirigiste a abrir el grifo, mientras, seguí haciendo de las mías, y me fui corriendo. Cuando llegue a la cocina, a duras penas, cogí el sándwich que había dejado. Escasos segundos después oí tus pasos por las escaleras, tenía ese sonido grabado.
-¿Que haces?
Otra vez te acompañó una sonrisa de oreja a oreja.
+N...nada.
Dije con los mofletes rojos, y con el sándwich en la boca.
-Eres sexy hasta comiendo ese sándwich.
+Calla, que eres mas mentirosa...
Dije mientras me acercaba a ti, y dejaba de comerme aquel trocito de pan.
+¿Te puedo besar? Juro que no tengo sabor a Malt...
Me besaste sin dejarme terminar de decir esa última palabra. Sin parar de probar mis labios, me subiste por las escaleras, cuando llegamos arriba, me quitaste la camisa, tan delicadamente que asustaba...
Separe mis labios de los tuyos y dije:
+Oye, que no me vas a convencer.
Sonreí tontamente.
-¿Seguro?
Me besaste aun más apasionadamente.
Cuando me quise dar cuenta, estaba junto a ti, llena de espuma al rededor, y tú, haciendo peinados con el champú en mi pelo roto.
Reíamos a carcajadas.
Eramos solo tú y yo.