Y allí se hallaba Lara, en ese puente con miles de historias por cada una de esas tablas de madera que lo formaba, estaba sentada en el borde, con los pies en suspensión, después de un día realmente malo, quería concentrarse en la belleza del mar, del cielo, de las aves, del sol cayendo por el horizonte.
Al lado de ella, se encontraba su cámara, no se separaba de ella por nada del mundo.Miro por el visor mientras enfocaba aquella gaviota en el aire, apretó el botón, alejo la máquina de su cara, para ver la fotografía en la pantalla, seguidamente la apagó y la coloco a su lado para seguir sacando fotos, pero, esta vez con sus ojos, fotos que se quedarían grabadas en su mente.
Se hacía de noche, y Lara debía de volver a casa, ya que tenía clases el próximo día.
Llegó, se sentó en su escritorio, encendió su ordenador, introdujo la tarjeta SD de su cámara, para ver las fotos que había tomado y guardarlas en su portátil.
Se dirigió al baño, mientras se cepillaba los dientes, contemplaba su reflejo en aquel espejo, y se hacía miles de preguntas, que sabía que no tenían respuestas.
Cuando llegó a su habitación, apagó la luz, se tumbó en su cama, le aferraba la idea de dormir, ya que sabía que soñaría con ella de nuevo.
Estaba consciente de que lo mejor era olvidarle, que era un amor perdido, que no podía hacer nada, nada para tenerla, era algo que tenía la palabra "imposible" grabado de por vida, pero no es tan fácil sacar de tu mente a alguien que querías hacer sonreír cada día al amanecer.