Estaba en un mundo, sin saber a donde ir, no sabia muy bien quien era yo, ni porque estaba allí.
No me sentía bien donde me encontraba, no era yo, me faltaba algo.
Quería irme, quería salir de allí, pero por muchas razones tenía que aguantar, sabía que había una razón que resaltaba, pero mi mente no me dejaba abrir el cajón donde se hallaba esa información.
Entonces me acorde de ti, y de lo nuestro, lo que habíamos vivido.
Me dijiste que vendrías a por mi, y eso estaba esperando, a que sonara un "toc toc" causado por el golpe de tus nudillos contra mi puerta, que al abrirla estuvieras tu con esa sonrisa que enamora.
Seguía sentada en la mesa de la terraza de aquella vieja casa, que me había comprado mi padre, hace unos meses.
Sonó mi móvil. Baje rápido por las escaleras.
-¿Si?
-¿Laura?
-Si, soy yo, ¿quien eres?
-Soy yo mi amor, soy yo.
-¡¿Donde estas?!
-En el aeropuerto, mi vida, ¿me vienes a buscar?
Colgué sin ni siquiera contestarle a la pregunta que me había formulado, supuse que al notar la emoción que tenía en ese instante, habría pensado que iba a por ella.
En ese momento no sentía las piernas, había una función de fuegos artificiales en mi estómago, una montaña rusa, de esas que me daban miedo pero a la vez, me hacían sentir libre, había soñado con ese momento, cada noche al irme a dormir, que volvería a tenerle cerca, a sentirle, a besarle.
Algo tenía claro, se había ido una vez, le había dejado ir, pero esta vez, no le iba a dejar marchar.
Llegué, buscándola con la mirada entre la multitud, niños encima de carritos de maletas, sonriendo, padres cansados, familiares abrazándose, novios besándose, entonces, me grito.
-¡Laura!
Busqué la voz, le había encontrado, soltó su equipaje, y corrió hacía mi.
Nunca mas la volví a soltar.
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