Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he echado de menos ese lugar, y la verdad, es que tampoco es que se me de bien lo de contar.
Recuerdo que miles de veces me han intentado enseñar, y siempre terminamos riéndonos porque no logro hacerlo.
Pero ¿sabes que?, he descubierto que es bonito decir. "Cuéntalo tú que yo no se" Y que la otra persona se ría y me diga el número.
Es bonito tener que necesitar la ayuda de los demás.
Me encanta tener que echarlos de menos, me demuestro a mi misma lo mucho que significan para mi.
Que se les alegre la cara cuando baje de ese barco, ver las ganas desesperadas que tienen de abrazarme.
La adrenalina que siento, cuando ya veo aquella isla por la ventana de esa nave mágica.
La ilusión de los días antes de ir allí.
Porque sin que nadie se diera cuenta, se han vuelto demasiado especiales en mi vida.
Esos abrazos de tres minutos, ¡aun habiendo calor!, que eso es chungo eh.
Las risas en mitad de cualquier calle por un chiste malo.
Levantarte a causa de una avalancha de personas.
Como nos protegemos.
Nuestra manera de reaccionar cuando esta uno triste.
Cantar sin preocuparte si desafinas, porque ellos también lo hacen.
Las ideas alocadas, que al final llevamos a cabo.
Tener frió y acabar como una piña para darnos calor.
Las prisas, las peleas por no ponernos de acuerdo.
Lo bueno y lo malo, echo de menos las dos cosas.
Lo que somos cuando estamos todos juntos, que aunque mucha gente no lo entienda, me conformo con que lo entendamos nosotros.
Al fin y al cabo, es nuestra historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario