Deseaba por alguna extraña razón explicarle todo, no quería que sacara esas típicas conclusiones que hacemos en nuestra cabeza, con la poca información que tenemos en nuestro poder.
Pero desgraciadamente, yo no pude pedirle ese corto tiempo, para intentar que entendiera lo que había pasado. Solamente pude ver como se alejaba aquel barco, mientras mis manos se encontraban en mi cabeza.
Y entonces, me arrepentí de aquella mañana haber adelantado mi reloj diez minutos, pensando así, que estaría mas descansada. Hubiera llegado, para cogerle el brazo, y prometerle que si se quedaba, todo iría mejor.
Pero ahora me tocaba acarrear con las consecuencias, o buscar una solución. Por mi cabeza solamente pasaban locuras. Pero entonces una, me pareció la mas coherente. Sin duda eso de echarme a nadar detrás del barco, no funcionaria, aunque fuera el mejor nadador del mundo. No serviría.
Corrí, para variar. Porque no tenía suficiente hoy. Llegue a la taquilla donde vendían los pasajes, por suerte sabia su destino, el próximo barco saldría en dos horas. Así que espere, me fume unos cuantos cigarros mirando el mar, y solo podía pensar en ella. Y en esa preciosa sonrisa, no podía hacerme la idea de volver a perderla. Una lágrima bajó por mi mejilla, pero antes que cayera al suelo, logre secarla con la manga de mi suéter.
Finalmente embarque, tras un viaje de unas dos horas, con mareos y vómitos de por medio. No estaba muy acostumbrada a viajar en barcos. Llegué.
Como creía la encontré en el lugar que esperaba, en una roca cerca de la playa, sabía que le encantaba ver el mar cuando algo le ocurría.
Le tape los ojos con las manos, ella se sobresaltó, antes de que dijera nada, le susurre.
-¿Otra vez tan predecible?
Ella sonrió, la calle con un beso, nos logramos decir todo uniendo nuestro labios.
Luego, me senté con ella, le dije que volviera, le explique todo, y finalmente, acepto volver conmigo.
Nunca mas adelante el reloj. El momento, es ahora.

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