Segundos que no volverán nunca. Pero ahora mismo, sin duda son los mejores a tu lado. Nunca me paro a pensar en estos momentos. Simplemente actúo. Te beso, o en su defecto me quedo mirándote sentada a mi lado, como si fueras una ilusión más.
Me cuesta darme cuenta de que eres real, y de que estoy a tu lado. La gente diría que en ese instante he desperdiciado segundos de nuestro tiempo. Pero lo que no saben es que cualquier milésima a tu lado, no está perdida.
Porque después de esto, te echaré de menos. Como siempre. Como si fuera un sueño, en el que en algún momento hay que despertar.
Y aquí estaré. Solo que insomme esperando a que vuelvas para volver a meterte en mi cama y hacernos volver a soñar.
Y yo sigo esperando la última despedida. Que me vaya y sepa exactamente cuando voy a volver, pero esta vez con todas mis cosas y las llaves de nuestra casa. Que si tengo que separarme de ti, sea porque tengo que ir a comprar al supermercado. No quiero tenerte lejos. No me gusta tenerte lejos. Las mañanas sin ti en mi mesa de desayuno no me agradan. Que me sobre manta me entristece. Quiero almorzar otra vez zanahorias fritas. No me gusta ya la pasta con pesto y sin ti para cenar.
Espero esas buenas noches tan deseadas. Coger una camisa y que huela a tí. Ese volver a casa corriendo porque llego tarde y ya estarás allí. Quizás me puedan tratar de soñadora, puede que hasta de ilusa. Y no viviré de sueños, pero sin duda tengo todas mis fuerzas y mis ganas puestas en ti. En algún futuro juntas.
En celebrar la navidad en nuestra casa. En discutir por a qué familia vemos primero. Y que te traten como una más. Que te quieran, que te ganes a Max. Y que te adore. Que te traigan un pijama más por Papá Noel. Y que te aguantes la risa floja como nos pasa a todos. Ir al desayuno de Reyes cada seis de enero y sobre el día siete u ocho estar cogiendo un avión vuelta a casa.
Ya te lo dije una vez. Quiero que seas mi hogar.
Y yo quiero ser tu hogar.

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